Este artículo fue publicado hace varios años en Infobae. Tantos que se refiere a la época de la Alianza. Ellos también venían a distribuir, como el señor Duhalde después y Kirchner ahora. No lo lograron, justamente por lo que explico acá. Lo reproduzco porque el tema que trata surgió en el debate sobre la confluencia colectivista del siglo XXI por el lector Tix para que podamos discutirlo.

ZURDONOMICS

Por José Benegas

Dicen que las dos palabras que hicieron grandes a los Estados Unidos fueron “está despedido”. En la Argentina en cambio son palabras perseguidas y castigadas por la ley. La consecuencia no es por supuesto que haya menos despidos entre nosotros que en el país del norte, sino que aquí la gente que resulta expulsada no es la que más merece que le ocurra sino la que implica menos costo en cuanto a indemnizaciones y problemas y la entrada al mercado de trabajo es cada vez más dificultosa. El hilo se corta por lo más delgado.

Nosotros tenemos otras dos palabras que nos obsesionan: igualdad y distribución. En nuestro caso son las dos palabras que están llevando a la Argentina a la desaparición.

Cuando Carlos Menem estaba promediando su primer gobierno en el que había hecho todo lo que hasta entonces era considerado como políticamente incorrecto, una corriente de opinión comenzó a crecer dentro mismo del peronismo, bajo la consigna de que a esa etapa debía seguirle una segunda de orden “social”, es decir de “distribución”. Después vino la moda mediática del Frepaso y la Alianza, a explicar que los inconvenientes causados por el exceso de gasto público (cuyo primer efecto es siempre disminuir el gasto privado) eran consecuencia de que ese gasto público era poco (falta de “solidaridad”) y que la recesión posterior se debía a que la corrupción se llevaba recursos que sobraban en algún lugar del limbo económico socialista.Ninguna otra cosa puede ocurrir a alguien que piensa que es hora de tirar manteca al techo y solo encuentra cuentas a pagar, que no sea desilusión seguida de alguna excusa elegante para renunciar y colapso económico si ni aún así se quiere asumir que el diagnóstico era el opuesto al correcto. Pero después de tanto fracaso aún se insiste en esperar la solución de la misma visión. En la Argentina la necedad es inmune a la refutación de los hechos.

Se cree que el Estado distribuye pero el mercado no, pero esto es falso. El mercado distribuye por medio de un mecanismo que en derecho se conoce como “pago”, es decir, en el mercado la distribución es la contrapartida de producir, además de ser el motivo para hacerlo. Los recursos se transmiten de unas manos a otras en cumplimento de obligaciones. Cuando el trabajo se acumula y se hace más productivo por intermedio del capital, la sociedad de producción y distribución que es el mercado, se va enriqueciendo y la distribución es cada vez mas suculenta.

El paradigma de la copa que rebalsa y llega a beneficiar a los más pobres, no es una explicación capitalista del mercado, sino socialista. No responde a la realidad. El mercado distribuye a lo largo de todo el proceso productivo, y no hace ninguna distinción en el tamaño del patrimonio del que recibe la distribución, sino que lo hace por productividad. El mercado no distingue clases, la que la hace es la política; la política mediocre.¿Y qué hace el Estado para mejorar esto? Pues a costa de impedir la distribución en base al trabajo y la producción, extrae recursos a los que se los ganaron y los reparte por igual (al menos lo declama) a quienes no hicieron nada por recibirlos.

Todo peso que se le quita al mercado es un peso que se le sacó a quién hizo sudar su frente para tenerlo y que no pudo distribuir a su vez a alguien que haya hecho lo mismo. Creer que este procedimiento de expoliación y repartija, que no es más que una patraña por la que los mediocres quieren concentrar el poder de hacer ricas o pobres a las personas, puede tener como resultado el superar la pobreza, requiere un buen ejercicio de imaginación. A ese ejercicio dotado de lenguaje técnico, más emparentado con la alquimia que con la ciencia positiva es al que llamo “zurdonomics”: el saber que explica que solo los políticos nos harán felices.

Pero no hay un error económico que no se base en una falacia ética. En este caso se trata de la igualdad como valor. El ser humano nace desnudo. En ese sentido puede decirse que Dios no es muy partidario de los “derechos sociales”. El medio de subsistencia humano es la producción y el intercambio. No extraemos frutos de la naturaleza sino que interactuamos con ella y nos abastecemos de los beneficios. El igualitarismo es un atentado directo contra esta forma de vivir que es la única que tenemos. Si el ser humano subsiste por el esfuerzo, es el esfuerzo el que debe ser premiado y no la mera necesidad que nos iguala.

El valor humano entonces no es la igualdad, sino uno que es casi un antónimo que es la justicia. A cada uno lo suyo, no por igual.Ahora bien, a los teóricos del “zurdonomics” no les interesan los méritos del que produjo, pero tampoco les interesan sus necesidades. Para ellos lo único importante son las necesidades de quienes reciben (que son sus clientes) que pasan a ser (en nombre de la igualdad) premiados a costa de aquellos a los que se les quitó y de toda la cadena de aquellos con quienes estos comerciaban. ¿Qué han hecho los que recibieron la distribución compulsiva para lograrla?: Nada. Podrían ser las mejores personas del mundo pero también podrían ser asaltantes callejeros, porque en materia de necesidades da lo mismo ser el más esforzado que un asesino serial.

A la larga esto no solo empobrece (y si a ese empobrecimiento se le aplica el mismo remedio peor), sino que conduce a una sociedad enferma que se la pasa mostrando sus necesidades, porque es lo único retribuido y valorado. Es decir, una sociedad como la que describió Jorge Batlle, que encima se ofende cuando se la describe de forma cruda porque ha perdido la capacidad de discernir que el robo amable que nos proponen los zurdonómistas, no es menos robo porque se lo haga acompañado por un cuadro improvisado en una planilla de cálculo o invocando objetivos altruistas.

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Hasta aquí el artículo. Pasa el tiempo y uno dice, debí agregar tal cosa. En este caso debí agregar algo que dije en aquel post sobre el colectivismo y es que lo que nosotros vemos como fenómeno de países que crecen con una parte de la población que queda en el mismo lugar no es un fenómeno económico sino político. No existe ninguna intención del mercado de no incorporar al sistema de pagos a los más pobres (excluirlos) mediante adquisición de bienes o servicios de ellos y no hay razón por el que no se beneficien con el crecimiento general. Lo único que lo impide son los impuestos y las normas regulatorias del mercado laboral y otros mercados.
Esa pobreza por tanto, en estos términos es consecuencia del entorpecimiento al mismo tiempo de la distribución/producción que en realidad son un mismo proceso.

Para ampliar este punto, otro artículo que escribí, esta vez para Ambito Financiero. Despúes lo voy a pegar también como un post independiente porque merece otro debate.